
La hernia discal en perros es una de las patologías neurológicas más comunes en la medicina veterinaria. Puede afectar la movilidad del animal, provocar dolor intenso e incluso causar parálisis si no se diagnostica y trata a tiempo. En este artículo te explicamos en profundidad qué es una hernia discal en perros, sus causas, síntomas, diagnóstico, tratamiento y cómo prevenirla.
¿Qué es una hernia discal en perros?
Una hernia discal en perros es un trastorno de la columna vertebral en el que uno de los discos intervertebrales —estructuras que actúan como amortiguadores entre las vértebras— se desplaza o se rompe, invadiendo el canal espinal. Esta invasión ejerce presión sobre la médula espinal, que es la encargada de transmitir las señales nerviosas entre el cerebro y el resto del cuerpo. Dependiendo de la intensidad de esa compresión, el perro puede presentar desde molestias leves hasta una parálisis total.
Los 3 tipos de hernias discales
Existen varios tipos de hernias discales en perros, según el mecanismo de extrusión del disco y el grado de degeneración:
- Tipo I (Hansen I): Se produce una extrusión aguda del núcleo pulposo debido a una degeneración condroide. Es más frecuente en razas condrodistróficas como el Teckel o el Bulldog Francés, y los síntomas suelen aparecer de forma repentina.
- Tipo II (Hansen II): Se caracteriza por una protrusión progresiva del disco por degeneración fibrosa. Es más habitual en perros de razas grandes y edad avanzada. La evolución es lenta y los signos neurológicos pueden ser sutiles al inicio.
- Tipo III: Conocida como «disco explosivo», se produce por un traumatismo agudo sin degeneración previa. El material discal se extruye de forma violenta, provocando un traumatismo medular grave y de aparición abrupta.
Las causas principales
La hernia discal puede tener diversos orígenes y es importante conocerlos para identificar posibles factores de riesgo y prevenir su aparición en razas predispuestas.
Degeneración del disco intervertebral
Con la edad, los discos pierden elasticidad y se deshidratan, volviéndose más frágiles. Esto favorece su ruptura o desplazamiento, afectando a la médula espinal. Es la causa más común en perros de mediana edad o mayores.
Predisposición racial
Algunas razas presentan una estructura corporal que favorece la aparición de hernias discales. Las razas pequeñas y alargadas (como el Teckel o el Basset Hound) tienen una degeneración prematura del disco. En razas grandes, el desgaste por el peso es el factor desencadenante principal.
Traumatismos
Caídas, atropellos o juegos bruscos pueden causar la expulsión repentina del contenido discal, provocando daño a la médula espinal. Este tipo de hernia puede presentarse en cualquier raza y edad.
Síntomas de la hernia discal en perros
Los signos clínicos dependen de la localización y gravedad de la compresión medular. Reconocerlos a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación completa o secuelas permanentes.
Clasificación de los síntomas por grados
A continuación, te explicamos detalladamente los distintos grados de severidad y los síntomas asociados a cada uno de estos grados:
- Grado I: El perro presenta dolor localizado, se muestra reacio a moverse, puede gemir, temblar y tener el lomo encorvado. Todavía camina normalmente.
- Grado II: Además del dolor, hay una reducción en la movilidad. El perro tiene dificultades para caminar, muestra una marcha tambaleante y debilidad en las patas traseras.
- Grado III: Parálisis parcial, no puede caminar ni mantenerse en pie por sí solo, pero aún conserva la sensibilidad profunda al dolor.
- Grado IV: Parálisis total de las extremidades posteriores, sin capacidad para moverse pero con alguna reacción al dolor profundo.
- Grado V: Pérdida total de la movilidad y sensibilidad, acompañada generalmente de incontinencia urinaria y fecal.
Otros síntomas comunes
- Resistencia al tacto en el lomo o cuello: el perro puede quejarse, temblar o apartarse cuando se le toca la zona afectada por el dolor.
- Evitación del ejercicio o saltos: evita moverse como lo haría normalmente para no agravar la molestia que siente al realizar esfuerzos.
- Postura anormal, con la espalda arqueada: adopta esta posición como mecanismo de protección para reducir la presión sobre la columna.
- Inestabilidad o tropiezos frecuentes: tiene dificultades para coordinar sus movimientos debido a la compresión medular.
- Cambios en el comportamiento debido al dolor: puede mostrarse más apático, irritable o retraído ante el malestar persistente.
¿Cómo es el diagnóstico de la hernia discal?
Un diagnóstico precoz y preciso es clave para iniciar el tratamiento adecuado y mejorar el pronóstico del perro afectado. Cuanto antes se identifique la causa neurológica, mayores serán las posibilidades de recuperación funcional.
Examen neurológico
El veterinario realiza una exploración detallada de los reflejos, la postura y la sensibilidad al dolor para determinar el nivel de la lesión en la médula espinal. Es un paso fundamental para orientar el diagnóstico por imagen. Además, ayuda a clasificar el estadio clínico y valorar la urgencia del tratamiento.
Radiografía simple
Permite descartar fracturas o malformaciones óseas. Aunque no muestra directamente los discos, en algunos casos puede evidenciar calcificaciones o desplazamientos vertebrales. Es una herramienta inicial útil antes de pasar a pruebas más específicas.
Mielografía
Consiste en inyectar un medio de contraste en el canal medular para visualizar la compresión. Aunque es eficaz, conlleva ciertos riesgos y actualmente se emplea menos gracias a otras técnicas más avanzadas. Suele reservarse para centros donde no hay acceso a resonancia o TC.
Tomografía computarizada (TC)
Excelente para estudiar estructuras óseas. Se usa en casos de hernias tipo I y en perros que no pueden someterse a una resonancia. Su velocidad y detalle permiten tomar decisiones quirúrgicas más rápidas.
Resonancia magnética (RM)
Es la prueba de elección por su precisión para visualizar tejidos blandos como la médula espinal. Permite determinar la localización exacta y el grado de compresión medular. También aporta información sobre la extensión del daño neurológico.
Tratamiento de la hernia discal en perros
La elección del tratamiento dependerá del estadio clínico del animal, la rapidez del diagnóstico y la respuesta al tratamiento inicial.
Tratamiento conservador (grados I-II)
Indicado en casos leves o sin signos neurológicos graves:
- Reposo absoluto durante 4-6 semanas. El perro debe estar confinado en un espacio reducido.
- Antiinflamatorios como Meloxicam o Prednisolona para reducir la inflamación medular.
- Analgésicos como Tramadol o Gabapentina para controlar el dolor.
- Fisioterapia ligera para mantener la movilidad sin agravar la lesión.
Tratamiento quirúrgico (grados III-V)
Requiere intervención urgente si hay deterioro progresivo o pérdida de sensibilidad:
- Hemilaminectomía: Acceso lateral al canal medular para descomprimir la médula en hernias toracolumbares.
- Ventral slot: Cirugía en la región cervical para aliviar la presión medular.
- Laminectomía dorsal: Indicada en hernias lumbosacras o cauda equina.
Es fundamental intervenir antes de las 48h desde la pérdida de sensibilidad para maximizar las probabilidades de recuperación.
¿Cómo es la recuperación y rehabilitación tras la cirugía?
Una vez realizada la operación para tratar la hernia discal, comienza una etapa crítica en la que la constancia y los cuidados adecuados marcan la diferencia en la evolución del perro. Esta fase no solo busca la recuperación de la movilidad, sino también prevenir complicaciones secundarias y mejorar el bienestar general del animal a largo plazo.
Cuidados inmediatos postoperatorios
Durante los primeros días tras la cirugía, el perro debe permanecer hospitalizado bajo supervisión veterinaria.
- Hospitalización: permite controlar la evolución neurológica, ajustar la medicación para el dolor y detectar posibles complicaciones tempranas.
- Cateterización urinaria: si el perro no puede orinar por sí solo debido a la afectación neurológica, será necesario vaciar la vejiga manualmente o mediante sonda para evitar infecciones.
- Cambio de postura frecuente: dado que el perro puede tener movilidad limitada, es vital moverlo regularmente para evitar úlceras por decúbito y mejorar la circulación sanguínea.
Rehabilitación física
La rehabilitación comienza tan pronto como el estado del perro lo permita y debe adaptarse al grado de afectación neurológica.
- Ejercicios pasivos: ayudan a mantener el tono muscular y a prevenir la atrofia mientras el perro no puede caminar por sí solo.
- Hidroterapia en cinta subacuática: es especialmente útil porque permite trabajar la musculatura sin cargar el peso corporal completo, facilitando la reeducación del movimiento.
- Electroestimulación: promueve la activación de los nervios y músculos afectados, acelerando la recuperación neuromotora.
- Suplementos articulares: en algunos casos, el veterinario puede recomendar condroprotectores como glucosamina o condroitina para apoyar la salud de la columna y prevenir futuras lesiones.
El compromiso del cuidador es clave: seguir las pautas del veterinario, asistir a las sesiones de fisioterapia y mantener un entorno tranquilo y seguro para el animal favorecen una mejor recuperación.
¿Se puede prevenir la hernia discal en perros?
Aunque no siempre es posible evitar completamente esta enfermedad, especialmente en razas predispuestas, sí existen medidas que ayudan a reducir el riesgo de aparición o de recaídas en perros que ya la han sufrido.
- Evitar saltos y escaleras: limita estos movimientos, sobre todo en perros de razas con cuerpo largo y patas cortas, ya que aumentan la presión sobre la columna vertebral.
- Usar arneses en lugar de collares: los arneses distribuyen mejor la fuerza y previenen lesiones en la zona cervical, un punto especialmente vulnerable.
- Mantener un peso corporal adecuado: el sobrepeso sobrecarga la columna y acelera el desgaste de los discos intervertebrales.
- Promover el ejercicio moderado y constante: actividades suaves como paseos diarios o ejercicios de fortalecimiento muscular ayudan a proteger la espalda sin exigirla en exceso.
- Adaptar el entorno del hogar: colocar alfombras o superficies antideslizantes puede evitar resbalones y lesiones repentinas.
Estas acciones no solo ayudan a prevenir la hernia discal, sino que también mejoran la salud musculoesquelética general del perro, especialmente en etapas avanzadas de la vida.
La hernia discal en perros es una afección compleja pero tratable si se detecta a tiempo. Con un diagnóstico temprano, un tratamiento adecuado y un plan de rehabilitación bien estructurado, muchos perros pueden recuperar su movilidad y calidad de vida. Consultar rápidamente con tu veterinario MiVet más cercano ante los primeros síntomas es fundamental para evitar complicaciones irreversibles.
















